por Consejo de redacción
El sujeto de la vida social no es el Estado sino la sociedad, con su pluralidad de intereses y su libertad. Una mejor articulación entre sociedad civil y Estado podría ayudar a mejorar a este último.Al observar el comportamiento de la sociedad, es decir, de los actores que operan en la comunidad fuera de las estructuras de gobierno (empresarios, organizaciones no gubernamentales, sindicatos, etcétera) se advierte una relativamente amplia “federalización” de expresiones sociales, económicas y políticas. De esta manera se resiste la pretensión del gobierno central de concentrar las decisiones en pocas manos, negando precisamente el carácter federal de nuestra organización política y constitucional.
Por otro lado, el desarrollo de nuestra cultura, diversificado y de gran riqueza, se opone a la pretensión de sectores muy ideologizados de amaestrarla, domarla, convertirla a un discurso único. Además, específicamente en el ámbito del tercer sector, la extraordinaria difusión del voluntariado, quizá una de las virtudes más sobresalientes de nuestro tiempo, contradice la preocupante propagación, no menos notoria, de la corrupción. Y se podrían citar ejemplos: Madres del dolor, la entidad que brinda servicios de asistencia y contención integral a víctimas y familiares de hechos de violencia; Luchemos por la vida, asociación civil sin fines de lucro que se dedica a la prevención de accidentes de tránsito; Red Solidaria, liderada por Juan Carr; Cáritas Argentina, etcétera.
Para no caer en la fácil trampa de oponer sociedad civil y clase política sin más análisis, conviene recordar que aquélla no es la suma de virtudes, opuesta por naturaleza a las reglas del ámbito político. Los campos de la pobreza, los derechos humanos, el medio ambiente, la salud sexual y reproductiva, son ámbitos donde, a través de las organizaciones antes citadas, se puede incidir en las políticas públicas, responsabilidad del gobierno, sin pretender sustituirlo. En otras palabras, nuestra sociedad es mucho más rica, heterogénea, dinámica, voluntariosa, responsable y dotada de valores de lo que ven muchos que la interpretan y, más aún, muchos que la representan.
Pero no bastan reacciones espasmódicas para suplir la ausencia de políticas de Estado, que suponen medidas estructurales. Por eso el tercer sector, las empresas, los sindicatos y demás actores de la sociedad deben procurar una más estrecha articulación con los organismos y poderes del Estado. Hay motivos de reclamo y sobreabundan las protestas, pero más difícil es plantear propuestas inteligentes que las encaucen, y que éstas sean atendidas adecuadamente por el poder político.
Acaso el defecto mayor de la sociedad civil es no encontrar su conexión con la política, único ámbito desde donde pueden ejecutarse las grandes transformaciones.
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